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Espejo de tres cuerpos, Odette Alonso


Odette Alonso, Espejo de tres cuerpos, Quimera, Colec. Thélema, Núm., 6, México, 2009, 185 pp. ISBN: 978-607-00-0957-0. Precio: 195 pesos.


Odette Alonso (Santiago de Cuba, 1964) es poeta, narradora, ensayista y promotora literaria. Radica en México desde 1992. Es autora del libro de relatos Con la boca abierta (2006) y de los poemarios Enigma de la sed (1989), Historias para el desayuno (1989), Palabra del que vuelve (1996), Linternas (1997), Visiones (2000), Diario del caminante (2003), Cuando la lluvia cesa (2003) y El levísimo ruido de sus pasos (2006). Su cuaderno Insomnios en la noche del espejo (2000) obtuvo el Premio Internacional de Poesía “Nicolás Guillén” 1999. Compiló la antología Las cuatro puntas del pañuelo. Poetas cubanos del exilio y la diáspora, proyecto que obtuvo uno de los Premios 2003 de Cuban Artists Fund (Nueva York). Esta es su primera novela.


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Espejo de tres cuerpos es una novela con ribetes benaventianos en la que el triángulo imposible, el más prohibido de todos, se forma ante los ojos del lector. Pero si desde sus inicios la relación resulta complicada, el hecho de que todas las protagonistas sean mujeres vuelve aun más suculento este ajiaco literario. Ajiaco, sí, porque aunque la trama tiene lugar en México, la gracia caribeña de la autora asoma entre las páginas con un guiñito cómplice... La manera en que se enlazan y desenlazan los tres cuerpos reflejados en este espejo construido de palabras en lugar de azogue revela la maestría de Odette Alonso, capaz de trazar retratos auténticos y vívidos con cuatro pinceladas.


Berenice, juvenil y desprejuiciada, tiene algo de sirena y de afrodita. Ante su embrujo femenil caen Ángeles, la al principio estirada profesora... y algunas chicas más. La obra comienza con el protagonismo de Ángeles, pero no se limita a describir el tránsito de la madre-divorciada-y-un-poco-reprimida a la amante apasionada que llega a desbocarse con Berenice en un sofá. Hay mucho más que eso. Espejo de tres cuerpos contiene una propuesta y un sinfín de preguntas. ¿Qué se hace cuando el amor (no importa el rostro... o el sexo con que se aparezca) llama a la puerta? ¿Se le franquea la entrada? Y lo más importante, ¿cómo arreglar la vida cuando el amor decide huir?

-Teresa Dovalpage, finalista del premio Herralde de Novela

Odette Alonso avasalla radicalmente los tabúes: no sólo aborda con perturbadora llaneza una historia de amor entre mujeres, sino que plantea las posibilidades de una condición “heteroflexible” y de que la maternidad no necesariamente es una bendición.

-Eve Gil, La Trenza de Sor Juana

Simplemente excelente, por lo aportativa y rompedora, además de la excelencia de la prosa desde una apariencia de sencillez rotunda. Es una novela que esperaba, novela necesaria.

-Amir Valle, Otro Lunes

Hay en esta novela, hilada de verso en verso, una aguja quemante. Un saber decir que provoca, que mantiene la tensión emocional y sexual en niveles que muy pocas novelas pornográficas, en su obsesión por lo gratuito, han conseguido.

-Mabel Cuesta, Banard Collage, Nueva York

El café humeante, constante en la mayoría de los escenarios, se convierte en un símil del sentimiento que crece sin control en el interior de las dos mujeres. Las manos, los labios y las piernas se vuelven brasas.

-Nancy Betán Santana, Cimac


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El buen negro, Adolfo Caminha

Adolfo Caminha, El buen negro, Trad., Luis Zapata, Pról., Alfredo Fressia, Quimera, Colec., Thélema, Núm., 4, México, 2008, 148 pp. ISBN: 978-607-00-264-9. Precio: 180 pesos.


Adolfo Ferreira Caminha (Aracatí, Ceará, 29 de mayo de 1867-Río de Janeiro, Brasil, 1 de enero de 1897). Fue poeta, cuentista y novelista. Quedó huérfano de madre a los 5 años. En 1883 llegó a Río de Janeiro e ingresó en la Marina Imperial. Durante una ceremonia, en 1884, frente al emperador Pedro II pronunció un discurso a favor de la República y contra la esclavitud. Regresó a la capital de su estado natal, Fortaleza, donde tuvo un romance con la esposa de un oficial de la Marina, y con ella tuvo dos hijas. Su primer libro de poemas, Vôos incertos apareció en 1886. Un año más tarde publicó dos libros de cuentos Judite y Lágrimas de um crente. Además fue autor de otros libros como A normalista (1893), No país dos ianques (1894), que escribió después de un viaje a Estados Unidos, y Tentação (1896). Colaboró en los periódicos Gazeta de notícias y O país, cuyos artículos después recopiló en Cartas literárias (1895). Fue uno de los principales autores del naturalismo en Brasil. Murió a los 29 años de tuberculosis.


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Una de las mayores virtudes de El buen negro consiste en algo que Adolfo Caminha logró descubrir o intuir: los homosexuales no son estereotípicos: nada más lejos de la figura lánguida y refinada de los personajes proustianos; nada más lejos de los hipersensibles e inteligentes protagonistas de las novelas de Forster y Gide; nada más lejos de los “jotos” del cine mexicano sesentero, que el negro Amaro, Bom-Crioulo: borracho, parrandero y jugador, pero también ingenuo, generoso, tierno, enloquecido por el amor.


-Luis Zapata


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Ernesto, Umberto Saba




Umberto Saba, Ernesto, Trad. Guillermo Fernández, Quimera, Colec. Thélema, Núm., 1, México, 2007, 138 pp. ISBN: 978-970-95563-2-2. Precio: 180 pesos.


Umberto Saba (Trieste, Italia, 1883-Gorizia, Italia, 1956). Su verdadero apellido era Poli, adoptó el Saba ("Pan", en hebreo) en gratitud a la madre judía abandonada por el marido recién nacido el hijo. Fue criado por una nana eslovena, Peppa, y más tarde regresó a la casa materna donde el ambiente le provocó problemas de neurosis que se agravaron con el tiempo. Como lo cuenta en Ernesto, en su adolescencia trabajó como aprendiz de contador en una empresa harinera de su ciudad. Estudió en Pisa y más tarde en Florencia. Al regresar a Trieste se casó con Carolina Wolfer, "Lina", a quien de manera cruel llama "La Gallina" en un poema, y con quien tuvo una hija, Linuccia. En 1910 apareció su primer libro Poesie, influido por el hermetismo tan en boga en Europa. Participó en la Primera Guerra Mundial y cuando terminó regresó a Trieste donde abrió una librería que se convirtió en el centro de reunión de artistas y literatos, entre ellos, James Joyce, Italo Svevo y Eugenio Montale, primer admirador confeso del triestino. Por su origen judío sufrió la persecución de las leyes fascistas promulgadas entonces por lo cual partió primero a Florencia y luego a Roma. Su poesía completa está en las sucesivas ediciones de Il canzoniere. Por su parte, en Scorciatoie reúne toda su prosa, tanto narrativa como ensayística. Ernesto se publicó póstumamente (1973).

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Un poema es una erección, una novela un parto.

-Umberto Saba


Ernesto es una obra de arte llena de encanto y pureza.

-Dominique Fernandez

Así como hay dos tipos de viajeros, hay dos tipos de lectores: los que gustan de transitar siempre por territorios conocidos o reconocibles y los que se atreven a aventurarse en el descubrimiento de “Otras voces, otros ámbitos”, como decía Capote. Estos últimos prefieren ser sorprendidos por los autores que leen. Y a éstos, la lectura de Ernesto les depara varias sorpresas: el estilo de su autor, Umberto Saba, es ágil y conciso: ninguna palabra está de más, ninguna de menos: no en balde Saba es conocido principalmente por su producción poética: profeta en su tierra, poeta en su tierra, Saba acumuló logros y reconocimientos a lo largo de su fructífera carrera. Pero no nada más en el terreno estilístico nos ofrece sorpresas Ernesto: escrita en 1953, varios años antes de los movimientos de liberación gay y de que el mismo término “gay” fuera acuñado, la novela presenta de manera insólitamente natural la apasionada relación de dos hombres, una relación que rompe barreras de clase, de edad y algunos tabús. No sólo eso: el lenguaje en el que se expresan los protagonistas es directo, audaz, con no pocas obscenidades. Revelar más aspectos de la trama sería injusto para el lector ávido de novedad y de proyectos literarios refrescantes como pocos: que empiece, pues, la lectura.

-Luis Zapata

Ernesto no es un libro consolatorio. Rechaza ese ambiguo privilegio. No es una educación sentimental, como la entendemos de Flaubert en adelante. En Saba existe más bien el sentimiento de la educación y de su libertad, sin traumas ni complejos, al igual que una hoja que se amplía o estrecha en el aire, con nervaduras sencillas o irregulares; pero siempre hoja, verde y próxima a acoger junto a ella la plenitud de la flor y luego del fruto. En el amor de Ernesto Umberto Saba relata el nacimiento de todos los amores; todos son fenómenos naturales: el terremoto de la adolescencia, el confluir de un agua paralela en el mismo río, el curso de éste hacia el delta y, en fin, la unión con el mar, entre tantas corrientes y peces libres.


-Sergio Miniussi

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